El auge de las tecnologías de la información y la comunicación trae aparejado la producción y circulación incesante de una gran cantidad de datos, los cuales en conjunto son denominados «Big Data». Su volumen crece exponencialmente año tras año y tal es su dimensión que, según el asesor tecnológico y especialista en comunicación Martin Hilbert, «es equiparable a 8.000 columnas de libros apiladas desde la Tierra al sol«.

El avance indudable de las herramientas que provee internet presenta un desafío para la gestión pública. ¿Qué hacer con tanta información? ¿Cómo usar los datos para tomar decisiones que contribuyan efectivamente al bienestar de la población? La clave está en procesar dicha información y maximizar resultados. El potencial del Big Data se encuentra en la capacidad interpretativa de las organizaciones; en lo que ellas hagan a partir de la información que este les brinda.

El Estado, en sus distintos niveles -nacional, provincial y fundamentalmente local-, tiene una gran oportunidad: la experiencia del uso del Big Data en otras latitudes del mundo demuestra su utilidad a la hora de tomar decisiones de política pública. Así, las llamadas «Ciudades Inteligentes», que tienen a internet como herramienta central para proyectar soluciones de gestión, han podido anticiparse a problemáticas típicas urbanas y atender necesidades específicas de la población, aportando al desarrollo local.

El objetivo del uso del Big Data no es diseñar entornos urbanos perfectamente ordenados y predecibles, sino aprovechar la tecnología para adaptarse a la complejidad del contexto. Recopilar datos e interpretarlos puede mitigar los efectos de posibles inundaciones, mejorar el flujo de tránsito o medir la calidad del aire en distintas zonas. Ello resulta interesante si se tiene en cuenta que, según la Organización de las Naciones Unidas, para el 2050 el 70% de los habitantes del planeta vivirá en núcleos urbanos, por lo que profundizar las potencialidades de la disponibilidad de datos y del uso de internet resulta imprescindible para su gestión y desarrollo.

Para que la tecnología sea una aliada de la gestión pública, es preciso que las personas tengan acceso a ella; por lo que muchas ciudades argentinas tienen un enorme potencial para desarrollarse como «inteligentes». Este es el caso de la ciudad de La Rioja, no sólo porque la tasa de uso de internet es alentadora –alcanza el 78% de la población total– sino también debido a que es una ciudad de rango medio en sus dimensiones, lo que permite establecer una mayor reciprocidad entre el Estado y la comunidad.

A pesar de la oportunidad, la provincia de La Rioja todavía no logra generar las condiciones para que los individuos accedan a una conexión de calidad. Allí, según el Ente Nacional de Comunicaciones, la velocidad es de 5.89 MB, mientras que a nivel nacional es de más del doble (13.22 MB). Es imperioso entonces que las empresas y el Estado trabajen en conjunto para que la tecnología permita crear soluciones colaborativas a los problemas que son de todos.

El Big Data tiene mucho que aportar en relación a las estrategias de desarrollo sostenible. Tanto en ciudades de La Rioja como en todo el país, podría erigirse como una herramienta que permite anticiparse a las problemáticas urbanas, proponer respuestas innovadoras y mejorar la calidad de vida de las personas.

Felipe Álvarez es director de Innova La Rioja.