Para comenzar a hablar de adicción debemos definirla. Consideramos a la adicción como un trastorno crónico y recurrente, en el que intervienen tanto la biología cerebral como la psicología del individuo en cuestión. Ésta se caracteriza por la búsqueda patológica de una recompensa o alivio a través del uso de una sustancia o de una conducta.

Esto implica una incapacidad de controlar la conducta, la aparición de una abstinencia permanente, el deseo imperioso de consumo, la disminución del reconocimiento de los problemas causados por la propia conducta y en las relaciones interpersonales así como una respuesta emocional negativa. El resultado es una disminución en la calidad de vida del afectado (generando problemas en su trabajo, en sus actividades académicas, en sus relaciones sociales y/o en sus relaciones familiares o de pareja). La neurociencia actualmente considera que la adicción a sustancias y a comportamientos comparten las mismas bases neurobiológicas.

Además del consumo de sustancias psicoactivas (tabaco, alcohol, marihuana, cocaína, LSD, etc) existen adicciones a procesos como la adicción al sexo, la adicción al juego, la adicción a la pornografía, la adicción a la televisión, al deporte, al gimnasio, la adicción a las nuevas tecnologías, al móvil celular y la adicción a Internet (juegos en línea, redes sociales, páginas de búsqueda de pareja).

En definitiva, los humanos pueden volverse adictos a casi cualquier objeto o conducta, ya que en última instancia, el mecanismo cerebral, llamado circuito de recompensa y mediado éste por el neurotransmisor dopamina, es común a toda conducta de este tipo.

Son muchos los manuales que explican las bases biológicas de la adicción, o que intentan explicar la personalidad del sujeto adicto. La pregunta más curiosa es ¿Por qué un sujeto se torna adicto tras probar cierta sustancia o realizar cierta conducta y otro sujeto no cae en ésta? La respuesta es que las sustancias y conductas no nos hacen adictos (si bien algunas tienen mayor potencial que otras por su característica de disparar la dopamina y el placer), sino que el adicto es el sujeto. Por lo tanto, la terapéutica deberá recaer no sólo sobre la sustancia sino principalmente sobre el sujeto, sobre su conducta adictiva, ya que alejado éste de la sustancia, tendera a desplazar su conducta adictiva hacia otra sustancia persona o comportamiento. La terapéutica deberá versar sobre la biología (circuito del placer), la psicología (personalidad, rasgos, hábitos), la espiritualidad (trascendencia y sentido de la vida) y sobre lo social (relaciones, trabajo, vida cotidiana).

El primero de todos los pasos será darse cuenta de que usted o un conocido ha caído en una adicción. Para hacerlo se debe prestar especial atención al tiempo que la persona dedica a satisfacerla y a los medios que utiliza. Evidentemente la adicción nunca se mantiene “bajo control” sino que va empeorando lenta o abruptamente debido a los fenómenos de la tolerancia y abstinencia. Cada vez el sujeto le dedicará más tiempo, afectando así su desenvolvimiento global en la vida cotidiana. Tenderán a aparecer marcadores como el agotamiento por la falta de sueño y descanso, se desregula la alimentación, y se comienzan a modificar los anteriores hábitos del individuo. En este momento su biología ya está afectada, su psicología comprometida, y lo social en peligro cada vez mayor.

La respuesta natural del adicto en un primer momento va a ser la de la negación. Sera él mismo o su familia quien deberá convencerlo de buscar la ayuda necesaria para luchar contra su condición y modificar de una vez por todas su patológico estilo de vida.

En caso de que se tome una leve conciencia de la situación debe aprovecharse ese margen para iniciar un tratamiento ya que generalmente se retrocede en esa decisión si transcurre el tiempo.

Como es la personalidad del adicto? Por lo general, hallamos una personalidad con marcados rasgos depresivos, poca o nula tolerancia a la frustración, es un ser un tanto obsesivo en sus pensamientos, y toda la conducta adictiva se utiliza como medio para combatir la depresión y anular la ansiedad que lo aqueja. Será necesario un tratamiento interdisciplinario ya que el fenómeno es muy complejo y abarcativo. Hay muchos sujetos que no logran abandonar nunca este comportamiento, pero hay muchos otros que sí han logrado una satisfactoria rehabilitación. Nunca es tarde para entablar la lucha.

Lic. Matias J. Elsesser

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