Dos de cada tres habitantes de Venezuela perdieron en promedio 11 kilos durante 2017 debido al severo desabastecimiento de alimentos que el país sufre desde hace al menos cinco años, reveló una encuesta. La noticia se conoce en medio de las maniobras del régimen de Nicolás Maduro para asegurarse el completo dominio político del país en unas irregulares elecciones presidenciales y parlamentarias adelantadas, en la que será prácticamente el único competidor (ver aparte). Venezuela sufrirá este año una hiperinflación del 13.000 %, según estimaciones del FMI y economistas privados. La caída de la economía volverá a ser este año de dos dígitos: 14 % del PBI, luego del 12 % en 2017, siempre según datos del FMI. Esta catástrofe económica explica la hambruna que pasan los venezolanos y que los lleva a huir desesperadamente de su país. Dos millones abandonaron Venezuela solo en 2017.

Los inquietantes datos sobre la pérdida de peso de los venezolanos llegan desde la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi), que las principales universidades venezolanas elaboran conjuntamente desde 2014 y se realizó en 6.168 hogares entre julio y septiembre, antes de que el país cayera en hiperinflación. Los sondeos oficiales, a cargo del Banco Central, no se publican desde hace años por orden del régimen.

“Hay un promedio de 64 % de personas que reporta una pérdida de peso de 11 kilos en el último año”, afirmó la médica Marianella Herrera, de la Universidad Central de Venezuela (UCV). De acuerdo con Herrera, 61 % de los consultados dijo que se había “acostado con hambre” por la falta de alimentos; 78 %, que no se consiguen muchos productos de la canasta básica, y 90 %, que su ingreso “no es suficiente” para comprar la comida necesaria.

“Hay un 20 % que no desayuna y las meriendas están prácticamente eliminadas” y “tenemos reportes dramáticos de madres decidiendo a cuál niño es que va a alimentar hoy”, subrayó Herrera, y agregó que “80 % de los hogares presenta algún grado de inseguridad alimentaria”.

Herrera agrega que un “70 % dice que no le alcanza para comprar comida saludable y balanceada”. Y que, en definitiva, “un 80 % de los hogares presenta algún grado de inseguridad alimentaria”, lo que significa que se han identificado con tres o más de las variables anteriores que tienen que ver con acceso, costo o calidad. “Tenemos reportes dramáticos de madres decidiendo a cuál de sus hijos van a alimentar hoy, eso está ocurriendo”, comentó. Por otra parte, la especialista señaló que los venezolanos están perdiendo el sentido de lo que es una “comida completa”, ya que con frecuencia los platos carecen de balance nutricional. “La dieta tradicional continúa perdiendo cantidad y calidad, sobresale la disminución del aporte de harina de maíz y la que se expende en su mayoría es importada y no está enriquecida tal cual exigen las regulaciones nacionales”, dijo la médica, y agregó que las normativas sobre nutrición “solían ser sumamente rigurosas” en Venezuela, que fue hasta la llegada de Chávez en 1999 uno de los países más ricos de Sudamérica y con estándares más altos de vida. En este punto, la experta destacó que actualmente se observa “un deterioro en la calidad de los productos” que está consumiendo la población y que “la dieta se centra en arroz, maíz, harina de trigo, tubérculos” y las fuentes de hierro y otros micronutrientes se han reducido.

Juan Luis Hernández, docente universitario y coordinador de la Red Agroalimentaria de Venezuela destacó que hubo una caída de la producción agrícola entre los años 2011 y 2014 que fue compensada con el aumento de las importaciones. Sin embargo, en 2015 la actividad importadora cayó también. Esta caída en la importación de comida se tradujo en una pérdida de calorías y de proteínas para los venezolanos. “Pasamos de consumir 2.441 calorías en 2011-13 a unas 1.300 calorías en la actualidad. Lo mismo ocurrió con la proteína: de 72 gramos se pasó a 33 gramos, menos de la mitad del consumo de proteína para ese mismo período”, advirtió.

Desde que en 2003 el presidente Hugo Chávez impuso un severo control cambiario que se mantiene hasta hoy, Venezuela —que normalmente debe importar entre 60 y 70 % de lo que consume— fue cayendo progresivamente en escasez de divisas, desabastecimiento de alimentos y otros productos de consumo cotidiano, e hiperinflación. El régimen creado por Chávez, fallecido en 2013 de un cáncer, mantuvo estas restricciones. Culpa de la escasez a una supuesta “guerra económica” de los sectores empresarios, pero lo cierto es que la caída permanente de la economía, incluso pese a la gran recuperación del precio del petróleo (hoy supera los 60 dólares el barril, cuando había caído por debajo de los 40 en 2014-15). El problema estructural de Venezuela es que ha dejado de producir casi todo por fuera de petróleo y derivados, y aún en este rubro ha decaído por la crisis de la petrolera estatal PDVSA.

FUENTE: La Capital